miércoles, 15 de julio de 2009

Docente competente

La política, la reforma educativa, el interés económico, la sed de justicia y demás factores nacionales han hecho inestable la educación en México, en Puebla, en las Instituciones Educativas, en el aula. Sin afán de tomar postura sobre esta situación, quise iniciar con este panorama pues el concepto de competencia profesional lo entiendo como la posibilidad de solucionar problemas y proponer alternativas que mejoren la evolución del ser humano a través de la sociedad.



Ser un buen maestro implica tener vocación para enseñar al que no sabe, ser un competente en la docencia implica tener vocación y coherencia con lo que se dice, se piensa, se actúa. Imagino al profesor de escuela rural, hablando de la independencia en la materia de Historia de México con sus alumnos apenas comidos e igualmente vestidos como lo indican las fotografías de hace doscientos años. Hablando de patriotismo, lealtad, justicia, equidad que en aquel tiempo se buscaba, para que cuando finalice la clase el maestro, no le quede otra más que conformarse con el maltrato psicológico y el desgaste burocrático que sufre constantemente del propio sistema educativo. ¿Será entonces una falacia practicada en el aula? Lo que se enseña no se practica en la realidad. Insisto, factores externos influyen de manera constante en la educación de los mexicanos. En mi caso, la existencia de los medios de comunicación masiva, han logrado limitar la reflexión de los alumnos que estudian a los mismos. Volviéndolos de un pueblo con identidad clara en una masa con las características que conlleva, sin inquietud, sin aspiraciones, sin sentido crítico, etc. Repito a propósito: Ante esta situación, ¿qué tan válido es hablar de competencia profesional en los docentes? La responsabilidad que se adquiere al ser docente obliga al mismo, a la actualización continua, pero no sólo a aprender a aprender sino a enseñar aprendiendo, considero una tarea difícil pero no imposible. Aunque parezca que cada vez en las universidades tratamos con robots enajenados por el consumismo, nunca debemos perder de vista que son humanos y que tenemos la oportunidad de desarrollar competencias que les ayuden a sobresalir en su vida y a la sociedad misma. Trato de no caer en el romanticismo, así que compartiré lo que hasta ahora me ha funcionado para adquirir lo que ahora sé, se llaman competencias profesionales como docente. 1.- Me permito jugar al trabajo y trabajar jugando, la concepción de juego es para convencerme de que el cansancio llegará pero no cuando estoy jugando, pues me gusta y me divierte. 2.- La mayor parte del tiempo trato de empatizar con los alumnos, es decir, sentir y pensar como ellos, pues lo que busco es la identificación constante y el desarrollo de una confianza mutua que conlleva el compromiso de la relación maestro - alumno. 3.- Trato de no prejuzgar e invito a no hacerlo, logrando que se vuelva un hábito, por lo tanto la apertura a la sociabilidad entre los alumnos e incluso entre los maestros se vuelve efectiva. 4.- Carezco de preferencias en gustos por comida, música, películas, lecturas, religión deportes y demás. Lo anterior me ha permitido acercarme a estudiantes por naturaleza antisociales o distintos a los demás. Busco la integración de ellos con la clase y mi propia unión con el grupo. 5.- Me presento como una persona honesta con bastantes errores pero con aciertos logrados profesionalmente hablando. Definitivamente los alumnos presienten la honestidad y corresponden con la misma actitud. 6.- Mantengo puertas abiertas en el aula, implica que se tiene acceso en cualquier momento a la clase y también muestra que el salón no es un lugar aislado del mundo, por supuesto que estoy obligada a mezclar teoría y práctica, a discutir lo que dicen los expertos y a comprobar lo que pasa en la realidad de la vida misma. 7.- Uso el factor sorpresa dentro y fuera del aula, ya que ser versátil es necesario ante alumnos heterogéneos por naturaleza y exigentes por conveniencia. Sin embargo, las lecturas realizadas sobre el tema de competencias profesionales y otros más acerca de la calidad educativa, sugieren el trabajo de mejora constante en el sistema de enseñanza – aprendizaje. Por supuesto que me falta mucho por aprender, pero considero que no estoy tan errada en lo que se ha hecho. Si manifestarse y tomar instalaciones solucionaran la situación educativa del país, no habría necesidad de implementar el sistema de competencias, estoy convencida que las personas que en la actualidad dirigen el país, asistieron a la escuela y tuvieron maestros que aplicaron examen para calificar con número o letra el desempeño de dichas personas. Algo muy similar a lo que en la actualidad nos dedicamos los docentes, entonces, no dudaría en que tarde o temprano uno de nuestros alumnos lleguen a ocupar los cargos de secretarios, gobernadores o presidentes, mismos que ahora limitan el desempeños educativo. Si en su momento, los profesores hubieran implementado la calidad educativa como propósito único, educando a cada alumno como un correcto ciudadano, entonces tendríamos dirigentes que todos los días trabajarían por y para el país. Si no lo hicieron en ese momento, entonces…. Tenemos el país que queremos y todavía hasta nos quejamos. Podría sonar muy agresiva, pero considero necesario expresarlo, los maestros somos culpables de lo que ahora nos quejamos. En cierta forma, retomar las riendas educativas del país nos obliga a ser responsables de lo que enseñamos hoy para lograr la estabilidad social del mañana. Lo anterior implica el desarrollo de las competencias profesionales primero en nosotros mismo como docentes y luego en cada estudiante sin importar status, religión e ideologías políticas. Concluyo englobando lo que considero un docente competente quien a parte de ser humano y cumplir roles en casa, amigos, familia y sociedad, funge como pilar educativo en un grupo de estudiantes aparentemente ávidos de aprendizaje. Un maestro que enseña en el aula a un grupo de alumnos del área de Comunicación, se vuelve competente cuando: observa, analiza, critica, empatiza, ayuda, entiende, escucha, propone, construye, inventa, comunica, crea, sonríe, conforta, trabaja en equipo, toma decisiones, disfruta lo que hace, juega, realiza lineamientos, pone en tela de juicio, se actualiza, ama a sus alumnos, comparte, aprende y además enseña a sus alumnos todo lo anterior. Cuando ese maestro aprende y enseña a la par, estaremos hablando de haber desarrollado las competencias profesionales necesitadas por la evolución humana. Saber ser, saber estar, saber conocer, saber hacer, saber amar… sin más.